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De la magnitud del tiempo
El grito del sodero se entromete en la calma de la casa. Llega mi hija con el apuro de los hijos: que almuerza en casa que llega tarde al trabajo que pasó mala noche que no pudo dormir. El casado casa quiere, pienso. Ella vuelve de vez en cuando al clima que renueva el sabor de la costumbre. Pero está inquieta como si una ráfaga de tiempo la llevara a otro sitio. Creo, dice, que estoy embarazada. La miro perpleja. El cuerpo anda fuera del cuerpo. La hija, yo, pura materia dura que no puede. Es la hija madre. Yo madre tú madre: ingenuos pronombres que velan el futuro. El cuerpo dice, no puedo decirte nada. Pero la dicha revive como un truco nuevo en lengua materna. Se mezcla el barullo adentro y afuera aunque no, no sale algo de más. Ella desconoce, pienso, la voz que me pasa por alto. Sabemos mirarnos desde el antiguo lugar de las mujeres. Cuando llegan los otros ella cuenta. Los abrazos hermanos hacen otra la imagen de la historia. Alguien dice, el sodero dejó cuatro sifones. Qué raro, pienso, se ha tomado poca soda esta semana.
tomado de: http://semanadeletrasylectura.blogspot.com/
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